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2011-05-29

Déjame escribirte un poco sobre nosotros los jóvenes

Platón en sus Leyes, decide que la creación del gobierno ideal es por medio de la educación. Esto es algo que no encontramos en nuestra ciudad (Gpe. N.L.) mucho menos en nuestros tiempos (2011) y nuestra circunstancia (guerra del narco), es algo que solo podemos leer en libros y tal vez llegue a discutirse en el aula de una escuela de filosofía, pero no es nuestra realidad.
La tristeza de la educación actual no es solo por los problemas ya conocidos, como la falta de apoyo del gobierno, sindicatos que se roban el dinero, maestros con malos salarios, sin capacitación y desmotivados, etcétera, sino por los jóvenes que son parte de la solución. De aquellos jóvenes que forman parte de las generaciones salientes de la universidad y empiezan a pertenecer al grupo cultural del estado. No tengo ningun dato sobre el número de estudiantes de carreras de humanidades en la ciudad, pero es de carácter común que casi ningun adolescente desea entrar una carrera como esta, tanto por la cuestión monetaria como la de gusto.
Pero también existe problemas con los que sí adquieren el gusto por las humanidades, un conocido los llamo dandis, pero hubo una discusión porque estos fueron un gran motor humanístico y cultural durante el siglo XIX, llegamos entonces a un adjetivo más adecuado: vedettes, por lo infertil de sus aportaciones culturales. Es decir que los jóvenes están tomando vicios característicos de maestros, personalidades de las humanidades que ya son autoridades intelectuales, al parecer creen que al adelantarse con estos vicios del comportamiento los acerca más a la cima de su carrera.
La educación de las nuevas generaciones de las humanidades llega a cierto conocimiento de literatura general, pero no en una metodología de aprendizaje que nos lleve por un camino más crítico y reflexivo, tampoco una profundización de los temas que corresponden a nuestra circunstancia, la cual es tanto espacial, temporal y anímico. También nos faltan espacios para expresar, pero los pocos que estan y se usan no son aprovechados para contribuir a la germinación cultural, no agregamos, separamos.
Es común que los jóvenes especializados en las humanidades tomen en cuenta sus conocimientos, sus gustos y fetiches, ahora esto es lo que escuchamos en ponencias, presentaciones de libros, discursos, platicas y hasta en las platicas de café o círculos de lectura. Su aportación es el ego.
La actitud general es de inseguridad, no tomamos en cuenta las diferentes opiniones de los demás, no existe la paciencia para escuchar y dialogar, lo cual implica la reciprocidad de escuchar ser escuchado. Al contrario las opiniones se convierten en discursos sin respuesta. Tenemos que escuchar a los jóvenes sobre las cosas que les gusta en música, cine, cómics y literatura, no escuchamos un nuevo agregado de nuestra cultura.
No escucha él que no aprendió a escuchar. Los jóvenes cada vez tienen menos paciencia, no se detienen a leer los libros, quieren leerlos todos para presumir que los conocen, no escuchan las críticas y opiniones a menos que estén de acuerdo.
Si no escuchan no diálogan. Para la retroalimentación es necesario saber hablar con los limites del respeto y el entendimiento del otro, es necesario también ser reciproco para saber escuchar, aguantarse las ganas de contestar, interrumpir o nunca callar, esto es lo común.
El silencio no es facil de soportar, menos si no aprendemos de la paciencia, por razones obvias el silencio ya no es parte de nuestra cultura, al contrario entre más ruidoso seamos más estamos adecuados a esta sociedad ranchera del norte (iñor), la televisión, los antros, el Youtube, celulares, etcétera son para hacer ruido. La calma no es una tendencia de nuestro comportamiento, al contrario es común recurrir a las enfermedades nerviosas y de personalidad de moda para que los jóvenes se definan, pero no nos enseñamos a meditar y a convivir con el silencio, el pensamiento, el juicio y la razón, al contrario es el griterío, el escandalo, las distracciones de color, luces y ruidos: opiniones, prejuicios y cinismo.
Hoy en día nuestras calles son violentas, igual nuestras mentes, nuestra reflexión es hacia nuestras necesidades más primarias y cercanas. No tomamos en cuenta el parecer de los demás, somos de la gran cultura mexicana de que no avanza el que no transa, a no respetar, así como de no entender a las personas, los libros, los sucesos de nuestro mundo, nuestra sociedad, nuestra historia y nuestra forma individual de ser. La educación es una solución, pero empieza con nuestra propia estética moral, nuestro comportamiento, hábitos y desempeño.

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