Los jóvenes están acostumbrados a muchas comodidades del estilo de vida contemporánea, tomemos por ejemplo lo mucho que aprecian sus celulares, cuando les doy clase y me doy cuenta que están con las manos abajo del banco o mesa muy concentrados, los regaño, les quito el celular, pero es increíble ver que al quitarlos empiezan a demostrar síntomas de ansiedad, como morder las uñas, mover las piernas de forma nerviosa, tienden a enojarse, quejarse, no pueden estar quietos sin su acceso ilimitado a la comunicación electrónica. Los adultos también toman parte de está comodidad, de uno u otro modo hemos aprendido a tomar las cosas por sentado, desde los servicios necesarios como el agua, la luz, hasta cosas más infertiles como la distracción de la televisión, los deportes, etc. Tomar las cosas por sentado es muy peligroso.
Cuando los antiguos ejércitos tenían días de calma en el frente, solo podía significar que el enemigo estaba ocupando en preparar un ataque sorpresa. El mejor de los ejércitos era el que siempre estaba alerta, el que no se dejaba tranquilizar por unos días de tregua. En la antigüedad era un gran sacrificio dar hijos para la guerra, lo es ahora, pero antes los padres aceptaban para poder proteger sus tierras, cosechas, pueblos y soberanía. Todos sabían entonces que lo mejor para mantener la seguridad en su estilo de vida, era el sacrificio de perder su misma descendencia, su unica oportunidad para vivir de forma eterna, que su apeido y familia siga perteneciendo en el tiempo.
Nuestra cultura del sacrificio nos llega desde nuestras dos tradiciones: las culturas mesoamericanas y la española, esta última por la iglesia católica absorbimos las imágenes del sacrificio de Cristo y los mártires durante la evangelización de nuestros antepasados en la colonia. Este sacrificio es del hijo de Dios para limpiar los pecados del mundo, la tradición mesoamericana del sacrificio es para continuar el curso del tiempo, para alimentar a los dioses que le dan vida a nuestro mundo, para continuar en la existencia y su sustento.
En nuestra historia estamos llenos de sacrificios humanos para hacer continua la existencia de nuestro pueblo, durante la independencia sacrificamos nuestro cordón umbilical con nuestra madre patria para poder tener un gobierno que pudiera actuar de forma directa sobre los asuntos de los mexicanos, durante las reformas políticas sacrificamos nuestra tradición indígena para poder pertenecer a los nuevos países modernos, durante el fin de la revolución sacrificamos el derecho original a la tierra por la oligarquía de las instituciones. Nuestra historia está llenos de sacrificios que no solo significan perdida, sino el soporte y cambio, nuestro avance del pueblo mexicano esta ligado con la perdida de grandes cantidades de vidas de nuestros jóvenes por las guerras, pero también de nuestra estabilidad psicológica, orden social, costumbres, cultura y antiguos derechos por otros nuevos.
En la condición violenta actual de nuestro país significa un nuevo rito de sacrificio, de cambios y transición que motivan a crear un nuevo país, un nuevo México que signifique y evoque una nueva idea y un nuevo rostro. Pero la pregunta es ¿Qué estamos dispuestos a sacrificar? Nosotros como pueblo mexicano qué estamos dispuestos a sacrificar para que esta circunstancia de violencia, miedo e injusticia se convierta en un renacimiento de una país y un pueblo opuesto al actual. ¿Estamos dispuestos a sacrificar a nuestros jóvenes que caigan bajo las balas?
El mejor ejercito es aquel que se mantiene siempre alerta. El mejor de los pueblos es el que está despierto para reaccionar de la forma más consiente y concreta para solucionar los problemas del país como los económicos, sociales, etc. Pero la discusión concreta debe estar en discutir qué es lo que como sociedad, pueblo y país, vamos a sacrificar; estamos tan llenos de ansiedad por la posibilidad de perder parte de nuestro estilo de vida, que como país hemos tomado desiciones que han provocado la situación en la que vivimos cuando aceptamos la cultura de la ilegalidad; aceptamos el narcotráfico como parte central de la economía del país; el lavado de dinero no es denunciado y mucho menos perseguido; la cultura de la violencia en los medios la abrazamos sin dudar; la negligencia social, el compadrismo y manipulación de recursos son tan comunes que todos conocemos quienes se han aprovechado de los recursos del gobierno; estamos dispuestos a seguir mal educando a nuestros jóvenes, con resultados en violencia familiar, deserción y un gran indice de madres adolescentes.
La televisión no está dispuesta a sacrificar ratting para cambiar la programación degenerativa de la familia; las instituciones educativas del país no están dispuestas sacrificar el sindicato por una red de gestión de conocimiento pedagógico; las comunidades no están dispuestas a seducativas e para denunciar a sus vecinos; no hay disposición de eliminar la corrupción, por el dinero y la comodidad económica de unos cuantos. Y así etcétera y etcétera en todos los ámbitos de nuestro pueblo: el institucional, el económico, la educación, la seguridad, las comunidades, las empresas y más. Tenemos que decidir que parte de nuestro estilo de vida actual debemos de sacrificar para que nuestro país pueda transformarse en uno diferente, uno mejor, donde el cambio interno sea por la transfiguración de nuestros hábitos, costumbres y tradiciones
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